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03.03.2014 - La tumba que entona el miserere

Hispania Nostra incluye en su "lista roja" de patrimonio en peligro la ermita autoleña del siglo XII con unas «agresoras obras de consolidación»

En lo mas fragoso de esas cordilleras de montañas que limitan el horizonte del valle, en el fondo del cual se halla la abadía, hubo hace muchos años un monasterio famoso que, a lo que parece, se edificó a expensas de un señor con los bienes que había de legarle a su hijo, al cual desheredó al morir, en pena de sus maldades...

Hace más de cien años, un caminante solitario imaginó un cuento sobrecogedor entre unas ruinas olvidadas. Era el escritor Gustavo Adolfo Bécquer, cuya febril fantasía se vio avivada por la leyenda del antiguo monasterio cisterciense del monte Yerga para escribir "El Miserere de la Montaña", texto en el que hoy en día se basa la Cofradía del Santísimo Sacramento, de Autol, para representar la historia en su escenario natural.

Son los restos de la ermita de Santa María de Yerga, a unos doce kilómetros del pueblo y a más de mil metros de altitud en mitad del monte que le da nombre. Uno de los nueve monumentos riojanos incluido en la "lista roja" de Hispania Nostra, asociación que vigila el estado de conservación del patrimonio histórico artístico.

Se trata de una ermita edificada sobre una antigua granja cisterciense del siglo XII vinculada al Monasterio de Fitero, por el que fue pronto abandonada. Pero más recientemente ha sufrido otros «daños por la deficiente consolidación», que han supuesto su principal factor de riesgo. «Sus ruinas -testimonia Hispania Nostra- están medio consolidadas con pegotes de cemento. Las obras de consolidación someras, inadecuadas y agresoras se han realizado sin intervención de la Dirección General de Patrimonio».

Lo que queda en pie se limita al ábside de la iglesia y un par de dependencias más con paños de sillería y mampostería. Nada que ver, los "pegotes" de ladrillo y cemento que levantan con atrevida ignorancia un arco de medio punto, un par de hornacinas inexplicables (una de ellas con una especie de yin-yang) y molduras de cemento afeando el original arco apuntado que sobrevive.

El monasterio, el primero fundado en España bajo la regla del Císter, data de 1136, cuando un grupo de monjes cistercienses, encabezados por el abad Durango, llegó al monte Yerga desde el monasterio de Scala Dei (en Francia) requeridos por el rey de Castilla Alfonso VII, que les encargaba la tarea de repoblar estas difíciles tierras fronterizas entre Navarra, Castilla y Aragón.

En el año 1142 los monjes bajaron a Nienzabas, a las tierras donadas por Alfonso VII tras la mediación de dichos monjes para evitar la guerra entre el y rey de Navarra García Ramírez IV, y en 1152 fundaron un nuevo monasterio en Fitero, en tierras menos inhóspitas abandonando su casa primitiva en la montaña. Con el tiempo, el bosque se encargó de ocultar sus menguantes ruinas y en la fantasía de los lugareños surgió una leyenda.

Mucho después, en 1865, el romántico Bécquer llegó al sanatorio de Fitero para reponer su delicada salud, y allí pudo conocer de boca de ancianos monjes algunos misterios y secretos del lugar. Así fue como oyó que en las ruinas de dicho monasterio, oculto tras la maleza y envuelto en el misterio, cada noche de Jueves Santo ocurrían hechos asombrosos porque sus muros destruidos y ocultos eran presa de una terrible maldición.

Movido por el misterio, Gustavo Adolfo buscó los restos de dicho monasterio y ascendió a Yerga. Al llegar su alma de poeta comprendió al instante que aquellas piedras guardaban en efecto un secreto, una historia que contar. Una historia de horror y muerte?

En su éxtasis imaginó entre las ruinas a un atormentado peregrino vagando de monasterio en monasterio en angustiosa búsqueda de inspiración para componer un Miserere que le redimiera de sus terribles pecados ante los ojos de Dios. La horrible visión de los espectros regresando a sus tumbas, el frío de la muerte al oír el terrible Miserere que brota de sus descarnadas calaveras, el espantoso cantar de sus almas en pena, condenadas a vagar en las tinieblas por toda la eternidad... Aquello que Bécquer escribió se representa anualmente a finales de junio en Yerga.

Pero son aquellas ruinas las que entonan con un lamento sordo su propio miserere de la montaña.

LA LISTA ROJA RIOJANA

Fuente: Hispania Nostra

1. Monasterio de San Prudencio de Monte Laturce (Clavijo)

2. Castillo de Castañares o de los Moros (Castañares de las Cuevas)

3. Ermita de Yerga (Autol)

4. Ermita de Orzales (Rivas de Tereso-San Vicente de la Sonsierra)

5. Ermita de San Martín de Leza (Leza de Río Leza)

6. Iglesia de la Asunción de Luezas (Luezas de Cameros)

7. Iglesia de la Asunción de Santa María de Cameros (San Román de Cameros)

8. Iglesia del Dulce Nombre de María o de Santa María la Blanca (Torremuña de Cameros)

9. Palacio de Inestrillas (Aguilar del Río Alhama)

 



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