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08.09.2013 - Aquellos maravillosos años

Memoria de cuando las piscinas del Ebro era el "aquapark" de Logroño

En los años 80, en Logroño, no sabíamos qué era un 'aquapark'. Casi, ni siquiera, qué era un trampolín. Algunos afortunados podían bañarse en las instalaciones de la F.R. Cantabria, otros iban al club Cayaks, pero la mayoría acudíamos a las gratuitas piscinas de la playa del Ebro. Entonces no había distingos y tampoco muchos escrúpulos. En esas inmensas bañeras, cuyos bordes eran de dura piedra, a veces ni siquiera se podía nadar y tirarse de cabeza podía llegar a ser una temeridad. Normalmente, ni se se veía el fondo.

Era habitual que, cuando el río Ebro venía crecido, el cauce inundase y tapase las piscinas, por lo que dejaba turbia el agua. Aun con todo, en aquella época, a pesar del hacinamiento, éramos felices acudiendo en familia a aquellas humildes piscinas. Algunos aventureros se adentraban en el río para nadar con libertad. En los alrededores de las piscinas, donde hoy se encuentra la orilla norte del parque del Ebro, había algo de arena y el escenario había recibido el nombre de «Playa del Ebro». El que no se consuela es porque no quiere.

Federico Soldevilla data la inauguración de la primera piscina del Ebro en 1967, pero había tres, que nacieron a continuación. Luego se construyeron las piscinas del Adarraga y algunas familias nos trasladamos al nuevo complejo deportivo. El Tour de Francia tenía allí un aura mucho más heroica con un puñado de aficionados, mayores y niños, observando las etapas reinas en bañador, con Perico Delgado como protagonista, dentro del bar, tomando un Colajet de Camy.

Por aquel entonces Logroño era una ciudad industrial, anodina, gris, pero comenzaba a colorearse gracias a esas zonas de ocio y esparcimiento popular. Aquellas sencillas zonas de recreo hacían un poco más feliz a la gente. Y también dieron luz verde a leyendas urbanas, muchas reales, como la de 'El Tarzán de la Playa, Juanito 'El Manco', las barcas del Pasti, La Guillerma... personajes que ya forman parte del recuerdo colectivo de la ciudad, que pasaron a la historia social gracias a que el Ebro fue el centro del asueto estival de Logroño en los años 70 y 80.

Las piscinas de la playa del Ebro aguantaron, en convivencia con las del Adarraga, hasta los años 90. Incluso protagonizaron una simbólica lucha de clases con la Hípica. Todo alrededor de la avenida de la Playa. En 1993 se inauguraron las piscinas municipales Las Norias, un moderno complejo que dejaron obsoleto a aquel pedazo de historia de Logroño donde las madres tomaban el sol sobre un césped de hormigón que ardía al sol con sus bañadores de una sola pieza. Por la tarde llegaban los padres en coche, recién salidos del trabajo, para recoger al rebaño, que había pasado allí la jornada veraniega, comiendo tortillas bien guardadas en tarteras de colores ocres.

 



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