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21.02.2013 - «Como lectora, me da mucha rabia la gente que se inventa la historia»

La escritora uruguaya recrea hoy en el Aula de Cultura de LA RIOJA_UNIR los últimos días de la familia Romanov y la Revolución Bolchevique, escenario de su reciente novela

· Para seguir la conferencia en directo: www.unir.net/ conferencia auladecultura
LA FRASE
«Me ha gustado darle otra dimensión a Rasputín, uno de los grandes villanos de la historia y, sin embargo, nunca mató a nadie»
Cuando su hermano Gervasio le propuso escribir sobre las hijas del Zar Nicolás II, Carmen Posadas se mostró reacia a novelar otra historia más sobre la falsa Anastasia. La sugerencia, sin embargo, estaba encaminada a escribir sobre la historia real de la familia Romanov, tan desconocida como aderezada por el mito y la leyenda.
El resultado es 'El testigo invisible', un relato construido a través de los recuerdos de Leonid Sednev en su lecho de muerte. Años atrás había sido deshollinador imperial y pinche de cocina para la familia Romanov. Tenía quince años la noche del 17 de julio de 1918, cuando un grupo de militares soviéticos asesinó brutalmente a la familia del zar y a sus criados. Él fue el único superviviente y «testigo invisible» de la tragedia.
Carmen Posadas nos introducirá hoy en la intrahistoria de la última dinastía imperial rusa a través de este singular testigo. Será en el Aula de Cultura que organiza Diario LA RIOJA en colaboración con la UNIR. La cita, en el centro Ibercaja de Portales a partir de las 20.00 horas.
-¿Por qué un 'testigo invisible', un criado, para contar una historia de grandes personajes?
-Creo que los criados son los verdaderos testigos invisibles; la gente habla de las intimidades más grandes con ellos delante y no se da cuenta. Quería hacer una historia de arriba y de abajo, me puse a leer sobre la familia Romanov y descubrí que solamente una persona había salido viva de la casa donde les mataron a todos en Siberia, el criado Leonid, y pudo haber sido testigo de muchas cosas.
-La historia de su novela es vivida por un Leonid niño y contada por un Leonid anciano.
-Eso me ayudó mucho a contar la historia, porque un niño tiene una visión muy infantil y limitada de la vida y, por otro lado, es una mirada cándida y generosa. El hecho de que lo cuente en su vida final me permite tener los dos puntos de vista, la mirada cándida y la reflexiva.
-En este libro echa por tierra más de un mito. ¿Cuál es el que más le ha sorprendido desterrar?
-Lo que más me ha gustado es darle otra dimensión a Rasputín, considerado uno de los grandes villanos de la historia y, sin embargo, nunca mató a nadie. Era enormemente contradictorio y encarnaba muy bien la forma de ser de los rusos, capaces de todo lo mejor y de todo lo peor. También era muy intuitivo e inteligente, y muchas de las cosas que dijo se acabaron cumpliendo, pero no porque tuviera dones proféticos sino por su enorme intuición.
-¿Apreció ese carácter ruso del que habla durante los años que vivió en Rusia (donde su padre fue embajador)?
-Sí, yo me casé en Rusia en el año 72 y mi familia vivió allí cuatro años. Era la época soviética y realmente era como estar metida en un guerra de espías, pero no una de James Bond sino de Anacleto Agente Secreto. Pasaban cosas increíbles. La embajada estaba llena de micrófonos, pero como todo funcionaba muy mal de vez en cuando se invertían y les oíamos nosotros a ellos. Y que a las cuatro de la madrugada te pusieran el coro de 'Nabucco' de Verdi a todo gas no tenía ninguna gracia.
-En esta novela ha manejado documentación confidencial del FBI recientemente desclasificada.
-La utilizo, sobre todo, en la explicación de la muerte de Rasputín. Hasta ahora la versión oficial es la que dio su verdugo, Félix Yusúpov, pero los servicios secretos británicos estuvieron supervisando y al final fuero los que le dieron el tiro de gracia a Rasputín. Un tiro en la frente que, por cierto, Yusúpov nunca menciona en sus memorias porque se quiso quedar con la gloria de ser el asesino de Rasputín.
-¿Le resulta complicado el equilibrio entre ficción y realidad?
-Como lectora de novela histórica siempre me pregunto qué es verdad y qué es mentira y me da mucha rabia la gente que se inventa la Historia. Yo quiero ceñirme muy bien a los hechos, lo que ocurre es que para contar una historia tienes que servirte de un mínimo hilo de ficción, por ejemplo para los diálogos.
-¿Llegan a agobiarle sus personajes durante la promoción de una novela?
-Nunca me han agobiado, sí me han acompañado mucho y me da mucha pena cuando los dejo.
 


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