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30.12.2012 - La felicidad está en la aldea

Algunas familias intentaron habitar las deshabitadas casas de San Vicente de Munilla

La aldea se caía a pedazos, crecían las malas hierbas en las callejas y en pleno agosto del año 1993 el fotógrafo Alfredo Iglesias y yo mismo nos topamos con esta estampa: En medio del abandono, la desolación y la ruina aparece una familia que en vez de aspirar a piso en la Gran Vía o chalé en Benidorm, ha decidido vivir en San Vicente de Munilla, pueblo deshabitado donde los haya, sin agua corriente ni luz ni carretera ni televisión ni políticos.
A San Vicente de Munilla subí con Alfredito, que era un fotógrafo muy artista y cumplidor.
-Alfredito: cuéntales a estos señores si subimos o no subimos, y cómo subimos.
-Subimos, señorito, subimos. Y le tuve que acarrear su macuto de usted, el mío, los aperos de fotografiar, y un calor tórrido que hacía, menuda paliza.
-¿Y para qué subimos hasta allí? Alfredito, díselo a estos señores que nos van a leer con delectación suprema.
-Pues usted dijo que había una repoblación espontánea de la aldea, que hasta el momento era invivible.
-Sí señor, una verdadera explosión demográfica, cinco nuevos habitantes: dos hombres, una mula, la mujer y dos niños.
-¿Y qué recuerdas de la mujer, Alfredo, dilo sin rubor?
-Que era silvestre y lozana. Además de ir descalza y a lo que parecía calzada sólo con la libertad. Llevaba un hijo a hombros, era como una cierva. Se dejó fotografíar como un ángel.
-No exageres, Alfredo, no te pongas bucólico. Y de los hombres, ¿qué me dices de los hombres?
-De los hombres, uno parecía el marido y padre y el otro el arriero que guiaba la mula.
-¿Y los niños, aquellos dos niños montaraces como los hierbajos de la calle?
-Pues sí, uno iba desnudo completamente y parecía feliz en su desnudez; el otro, subido a hombros de la madre, ya se sabe, tan contento.
-Sí señor, Alfredo, eras un fotógrafo soberbio, muy aguerrido en tu juventud, y por eso retrataste cómo se solazaba aquella gente entre las casas desportilladas... y la mula, muy rural y con sus ancas relucientes.
-Llevaban una vida sencilla, ¿eh?
-Como que se debieron saciar de la sencillez de la vida y se piraron a otro pueblo. Tanta soledad, tanta austeridad, harta. Lo que llamábamos vida 'hippi' ha desaparecido. El mercado ha podido con todo.
-Sí señor, vinieron a las tierras más despobladas, más desasistidas. San Vicente de Munilla, la triste historia de un pueblo abandonado. Hoy la aldea tiene varias casas restauradas, hay vida, pero poca y mal distribuida.
 


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