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21.08.2009 - Más visitas pero menos consumo.

Los turistas que llegan a la región han aumentado, aunque reservan a última hora en busca de ofertas y pernoctan y gastan menos que en años anteriores

El turismo en La Rioja siente la crisis, pero de una manera peculiar. Aunque no existen todavía datos del INE del mes de agosto respecto a las pernoctaciones en hoteles, campings o casas rurales, los profesionales de la hostelería y del mundo del turismo coinciden en que este verano ha sido «un poco más flojo» que los anteriores, con el precedente de julio, mes en el que los hoteleros calcularon un descenso del 25%. Sin embargo, la verdadera diferencia con otros veranos la está marcando la forma más austera de gastar de los turistas.
Según explica el presidente de la Asociación de Hoteles, Jaime García Calzada, los visitantes que llegan a la región hacen su reserva a última hora, a la espera de precios de ofertas y con un gasto «reducido». «El turista se ha quitado prácticamente todos los gastos», indica García Calzada.
Los datos de ambas oficinas de turismo ubicadas en Logroño desvelan que en el primer semestre del año los visitantes han aumentado con respecto al 2008. En concreto, en la oficina de Logroño Turismo ha habido un incremento del 28% en comparación con el año pasado, cuando se registraron 56.672 visitantes. Y en julio (último dato suministrado), la afluencia a la oficina de Portales aumentó el 15% con respecto al mismo periodo del 2008.
En la misma línea, en la oficina de Turismo de El Espolón (de la Comunidad Autónoma) entre enero y julio del 2009 ha habido 28.593 visitantes, 4.425 más que el año pasado.
Consumo «diferente»
Pero esta subida de visitantes no se refleja en las cajas registradoras de la hostelería riojana. Según explican los representantes del sector, con la crisis ha cambiado la manera de consumir. Por ejemplo, según explica Sergio Palacios, del Rincón de Julio, la gente es «la misma» que el verano pasado, «pero con el chip cambiado», ya que el consumo es «diferente».
En este sentido, el responsable del restaurante vecino al Ebro señala que los clientes, en vez de entrar al comedor, prefieren quedarse en la terraza y «picotear». «Por menos dinero, comen raciones, tortillas o ensaladas y no se dan caprichos. Pero salen comidos o cenados», apunta Palacios. «También seguimos teniendo clientes que vienen al comedor a por su chuletón o chuletillas, sobre todo al mediodía», agrega antes de agradecer el buen tiempo del verano. «No nos quejamos y tocamos madera», sintetiza.
Otro hostelero con tradición en la ciudad, José Cortés, 'Colo', propietario del Café Bretón, indica que este verano atiende a «la misma gente» que otros años y «el trabajo es igual», aunque no consuman lo mismo. Por ejemplo, desvela que los clientes piden más cafés con leche y hielo que refrescos. «Ha subido mucho la demanda», asegura. Otro de los factores que ha modificado su negocio es que durante el invierno ha hecho mucho frío y en verano, demasiado calor. «No ha sido una buena temporada de terraza y eso también se nota», observa 'Colo' Cortés.
En el restaurante Cachetero se han sabido adaptar también a las circunstancias de la crisis. Según explica Diego Arechinolaza, los clientes, sobre todo de empresas, han descendido. «Para las empresas, si no hay clientes, no hay proveedores ni hay mercado», sentencia. Sin embargo, en el verano «hay turismo», aunque «el consumo del vino baja un poco por los controles en la carretera», ya que se trata de personas que están de paso. Por ello, ha subido la demanda de vino por copa, oferta a la que se ha amoldado el Cachetero.
 


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