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05.06.2007 - De Románico y vino

San Vicente de la Sonsierra es uno de los enclaves turísticos de la región más importantes

San Vicente de la Sonsierra es sin duda uno de los principales destinos turísticos de La Rioja. Su fama y renombre se debe sobretodo a los 'Picaos', aunque también se conoce por sus vinos, de excelente calidad.

San Vicente de la Sonsierra es sin duda uno de los principales destinos turísticos de La Rioja. Su fama y renombre se debe sobretodo a los 'Picaos', única manifestación del rito penitencial de flagelación que queda en Europa y que hasta el siglo XVIII era frecuente en pueblos y ciudades. Pero además, San Vicente de la Sonsierra situada en pleno corazón de La Rioja Alta, también se conoce por sus vinos, de excelente calidad al estar sus viñedos al abrigo de la Sierra de Cantabria y al calor del Valle del Ebro, este fuerte descenso de altitud favorece el cultivo de la vid. La localidad, junto con la villa de Ábalos, son las dos únicos pueblos riojanos situados en la margen izquierda del río Ebro.



Pero San Vicente y sus aldeas o barrios, Peciña y Ribas de Tereso, son mucho más que vino y 'Picaos', de hecho la comarca ofrece numerosas posibilidades para el disfrute de actividades como el senderismo, rutas a caballo o en bicicleta, y paseos a través de los que descubrir acogedores parajes naturales y enclaves de interés cultural, etnográfico y patrimonial.

En la zona encontramos testimonios de tiempos pasados, testigos pétreos que dejan constancia de que la comarca estuvo habitada desde tiempos prehistóricos, buen ejemplo de ello es el dolmen Neolítico de la Cascaja, situado a unos 500 metros al sur de la aldea de Peciña o el Poblado de la Edad de Hierro de La Nava, enclavado en un otero junto al río de la Rueda, entre la aldea de Ribas de Tereso y San Vicente.

Un sendero señalizado de pequeño recorrido, el PR- 50, (lo reconoceremos por las marcas amarillas y blancas) recorre las poblaciones de San Vicente, Ábalos y Peciña y pasa, por los puntos mencionados anteriormente, destacando una parada ineludible para cualquier conocedor de La Rioja, la ermita de Santa María de la Piscina, el edificio románico, según dicen los expertos, más completo conservado en la región.

La iglesia se alza sobre una colina y fue fundada en 1088 por el infante Ramiro. Cuenta la leyenda que Ramiro participó en la toma de Jerusalén y entró en la ciudad por la Piscina Probática, donde encontró una imagen de la Virgen que trajo a Navarra, reino al que pertenecía entonces San Vicente. En su honor mandó levantar esta iglesia, que por ello recibió este nombre.

Pero además de la ermita, en los alrededores se halló un conjunto arqueológico formado por una necrópolis con un buen número de tumbas excavadas en la roca caliza, un poblado con viviendas semirrupestres y restos de fortificaciones o atalayas que aprovechaban el escarpe natural de las rocas.

Como consecuencia de la larga y estrecha relación que la comarca tiene con la producción de vino encontramos lagares rupestres, construcciones que se hallan excavadas en la roca y que están formadas por recintos donde en la antigüedad se prensaba y recogía la uva.

Tras dar un agradable paseo por esta tierra donde tan presente está el vino, el arte y la historia, podemos aprovechar para visitar la villa de San Vicente, que se alza vigilante sobre el valle del Ebro, aquí las paradas obligadas serán su puente medieval, las callejuelas con grandes casonas, los restos del castillo, el recinto amurallado o la iglesia gótica de Santa María. Si queremos calma, la cercana aldea de Ribas de Tereso, al pie de la Sierra de Toloño, es el lugar indicado o la vecina aldea de Peciña donde la tranquilidad y la naturaleza serán nuestros compañeros de ruta. Sin duda, un bello rincón de La Rioja, la Sonsierra, o lo que es lo mismo bajo la sierra.