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25.01.2007 - Vuelta a casa del Dakar.

El riojano José María Peña confiesa que regresaría a África, pero en mejores condiciones

Con el cuerpo tullido por los golpes y las deficientes condiciones de vida que le han tocado vivir, el riojano José María Peña llegó ayer a Logroño acompañado por sus camaradas Julio Polo y José Antonio Cereceda, miembros del equipo Bombardier en el Dakar. Un rally de estas características no se hace todos los días -y mucho menos se termina- y el castigo físico se olvidará poco a poco, a base de rutina y pomadas.

 

José María Peña ha regresado de África con dos triunfos en su categoría, el tercer puesto de la general de quads y el segundo de su categoría, pero principalmente con las ideas más claras sobre las cosas y un discurso centrado en el apartado humano más que en el mecánico.
- ¿Tenía ganas de llegar?
- Imagínate. Hemos parado a comer y descansar un poco en una vía de servicio de Zaragoza después de un regreso complicado.
- ¿Viene con el quad?
- La moto llega vía Normandía.
- ¿Tiene ganas de juerga?
- Hombre... Si piensas como tengo el cuerpo ahora, pues no muchas. Han sido muy malos días, especialmente los tres últimos. Las manos casi no las siento, y el costado lo tengo tocado.
- ¿Repetiría?
- No lo sé. Vería la situación. Ahora ni lo pienso, pero no digo ni que sí ni que no. Iría, pero en otras condiciones.
- ¿No eran buenas las que tuvo?
- El Dakar es más precario de lo que imaginaba. Creíamos que íbamos en buenas condiciones, pero nuestro equipo era francés y nosotros los últimos pintamonas. No había calor humano ni nada y teníamos que trabajar más de lo necesario. Mi mecánico, José Antonio, Julio Polo y yo hemos tenido que hacer un esfuerzo extra.
- ¿Le asaltaron las ganas de bajarse del quad?
- Sí, muchas veces, pero sólo en dos etapas. En el resto quería seguir y seguir. Yo pensaba a veces que qué pasaría cuando mi cabeza empezara a enviarme mensajes firmes de bajarme.
- ¿Ha corrido con cabeza o con las tripas?
- Con el corazón. Eso te hace tirar para adelante, especialmente cuando leía los mensajes de la gente que te quiere. En esos momentos la cabeza se aclara.
- El rally le ha brindado, al menos, ver partes del mundo, que de otro modo uno no vería, ¿no?
- Sí, ves cosas que te llegan al alma. Ves miseria, pobreza, pero ves gente feliz. Eso sí que lo he visto de cerca. Les regalaba todo lo que me sobraba de la etapa. Son pueblos que tienen muchas carencias y necesidades, pero te puedo asegurar que ves gente feliz.
- ¿Le ha humanizado el rally?
- Lo que he podido comprobar es que nosotros vivimos en una sociedad consumista donde no valoramos las cosas que tenemos, que hacemos un mundo si nos falta alguna cosa, detalle o chisme, por intrascendente que sea. Que nos quejamos por tontadas y para ellos la vida es hoy. Aquí creemos que estamos en condiciones de enseñarles cosas y estoy convencido de que son ellos los que pueden venir aquí a darnos lecciones.
- ¿Qué imagen no quisiera borrar nunca del rally?
- Los atardeceres y los amaneceres tras las dunas. Esos amaneceres con el sol rojo no quieres que se acaben nunca.
- ¿Qué borraría?
- El 'No Dakar'.
- Explíquese.
- Las dos muertes de este año. Me he encontrado con ellas de lleno. Sí, bueno, quizá llevaba una idea del rally más romántica, más aventurera, de camaradería y ayuda y sólo el veinte por ciento se interesa por el otro. Entiendo que los pilotos punteros vayan a su rollo porque se la juegan y viven de eso, pero que un tío que va el ochenta de la general y no pare a prestar ayuda no lo veo bien. Debería ser al revés. Que el ochenta por ciento se ayudara.

La otra cara

- Una carrera de contrastes.
- Es muy distinto a lo que la gente se imagina. Ver a personas que están desarmados físicamente y que te animan. Ves las diferencias entre los pilotos de arriba y los de abajo. Mira, un chico de Barcelona me decía a diario: 'Hoy no sé si voy a correr', pero no lo decía por hacer la ruta, sino porque después había que arreglar la moto y eso implica un esfuerzo extra. Primero son 14 ó 15 horas encima del vehículo y luego otro montón para reconstruirlo.
- Usted, al menos, tuvo contacto con el desierto unas semanas antes del arranque, ¿le sirvió ese trabajo?
- Sí, pero para conocer el terreno. Pensábamos que lo duro iba a ser Marruecos, pero lo realmente difícil fue atravesar Mauritania. La dichosa 'hierba de camello' era horrorosa. Etapas de 230 kilómetros a un promedio de 20 ó 30 kilómetros a la hora. Fue inhumano.
- ¿Le han felicitado en Bombardier?

- Todavía no, pero lo harán. Ten en cuenta que el primer Bombardier ha sido el nuestro.
- Cuando las condiciones de vida son tan extremas, los lazos de unión con la gente se estrechan
- Es alucinante de qué modo. Yo me apoyaba mucho en el móvil cuando leía los mensajes de ánimo. Un día me quedé encallado en una duna bastante tiempo. Estaba agotado y tuve que bajarme para toma aliento. Saqué el teléfono y empecé a leer y, no sé, pero saqué fuerzas de donde no había y tiré para adelante.
- No me hable del teléfono porque le habrán saltado cientos de llamadas perdidas nuestras.
- Las comunicaciones fueron fatales y desde Mauritania, imposibles, pero ni con satélites.
- ¿Qué es lo primero que ha comido al pisar territorio español?
- Bueno, tengo que decir que no hemos comido mal. La organización ha hecho un enorme esfuerzo. Pero sí, lo primero, un lance al chorizo. Nosotros llevábamos jamón y chorizo de casa, pero lo que te mantiene arriba son las barritas energéticas.
- Con lo mal que se muerden, ha tenido que ser duro.
- Imagínate y con el agua del bidón a treinta grados.
- ¿Qué se ha traído del rally?
- Los recuerdos. Me he hecho más fuerte mentalmente. Me he encontrado a mí mismo y he hecho muchas amistades.
- Polo, Cereceda y usted son buenos amigos, pero tantos días juntos, o han estrechado lazos o se odian, ¿cómo está la cosa?
- Bien, muy bien, pero sí que es verdad que había días que nos tirábamos los trastos a la cabeza y, en otras ocasiones, nos abrazábamos y llorábamos como niños.
- Sus dedicatorias.
- La primera etapa que gané, la segunda de Senegal se la dedico a mi mecánico, José Antonio Cereceda y la segunda, la tercera de Senegal, esa va para Pazuengos entero, mi pueblo, y su gente.
- ¿Y la familia?
- A mi familia dedico el Dakar entero. Es que no tienes ni referencia de lo que es hasta que no estás allí. En la primera etapa maratón nos dieron una manta y a dormir encima de las rocas. Y la arena, un día de tormenta, con la nariz protegida y la boca cerrada y iba masticando tierra...
- ¿ Tiene ganas de volver a su negocio en la tienda de motos?
- Sí, tenía ganas de volver.
- ¿Y a su camita?
- También.



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